EN LA EROICA SE VIVE, SE PARTICIPA, SE HACE HISTORIA

Guido P. Rubino

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Santini

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Un evento que recupera en color las fotografías en blanco y negro del ciclismo de antaño. El relato de un experto que sigue la competición Eroica desde hace muchos años como fotógrafo, pero que cada año encuentra nuevas perspectivas de irresistible atractivo.

Pican y (casi) no hay escapatoria. Pican por la mañana, cuando el aire y los pensamientos aún son frescos. Pican con el sol, los maillots de la Eroica, cuando el sudor los hace incómodos y los culotes se vuelven pesados y abrasadores. El negro quema, no perdona. Si llueve, entonces es aún peor porque absorben el agua, se empapan y hay que arrastrarlos como un peso extra de fatiga sobre los hombros.

Sin embargo, el heroico ciclista con ropa de lana sonríe sin importarle el tiempo. Está pedaleando en la historia, devolviendo el color a las fotografías en blanco y negro encontradas en álbumes y revistas arrugadas. Ese picor se convierte en un cilicio de devoción, de homenaje a la historia; desde luego, no es un disfraz. Es más, el error más grande que se puede cometer con la Eroica es pensar que se trata de un disfraz. No lo sería siquiera si se recuperasen los maillots originales, tampoco con los modernos de aspecto antiguo. En un disfraz se interpreta algo a lo que no se pertenece, en la Eroica se vive, se participa, se hace historia. Se trata de una diferencia abismal y quien piense lo contrario tiene todavía mucho que aprender.

En la Eroica encontramos la oscuridad más negra de la salida de madrugada y del despertador que tal vez ni siquiera hace falta que suene: alguien hace el recorrido completo desde la noche anterior, cuando se celebra la fiesta de la amistad ciclista y se descubren afectos «de maillots e idiomas diferentes»: si estos no son héroes. Para otros, el sonido matutino del despertador es casi aterrador: ¿ya es la hora? Ahora toca vestirse de lana, ponerse una chaqueta porque antes de que salga el sol hace un frío que pela, los tubulares que hay que inflar, el número sujeto con imperdibles al maillot y el del cuadro de la bici atado con una cuerda.

No es una carrera, aunque lleves un número en la espalda, pero puedes apostar que, en el momento de la salida, el picor, el sueño, el frío y el miedo se esfumarán. El sello de salida en la hoja de ruta es una descarga de adrenalina que siempre se siente, aunque se trate de la enésima Eroica, aunque se hayan llevado en la espalda dorsales de carreras importantes. Desde aquel «clac» seco, con la hora de salida, ya estás en la Eroica, solo tienes un instante para buscar el enganche del pedal, gesto antiguo para algunos, nuevo para otros y los reconoces todos, unos cuantos improperios, los que lo acoplan al vuelo vuelven a ser jóvenes y la edad ya no cuenta.

Y a seguir. Salir de Gaiole in Chianti es sumergirse en la oscuridad y en la humanidad marcada por lucecitas modernas admitidas por respeto a la seguridad. Alguien se atreve con las lámparas de carburo, luces tenues protegidas del aire que iluminan lo justo para ver los baches frente a la propia rueda, el resto es adivinar y rezar.

La Eroica se celebra a las puertas del otoño, pero conduce al invierno del ciclismo, al menos al de antaño. Es una vuelta a Lombardía que marcaba el final de los juegos bajando el telón de la temporada ciclista. Después solo quedaba hacer cuentas y pensar en el futuro. La Eroica de Gaiole in Chianti lleva el artículo que la diferencia de todas las demás Eroicas.

Durante los kilómetros, la mente fluye al ritmo de cada uno, cada uno tiene su propio ritmo, diferentes amigos para diferentes kilómetros, pero nunca solos, porque en las subidas y bajadas del Chianti los ciclistas nunca terminan el primer fin de semana de octubre, ni siquiera ahora que los han dividido en dos días. Adelantar y que te adelanten es normal. El ojo atento puede clasificar cientos de maillots históricos. Algunos recuperados y modernos, otros apolillados y con la lana remendada de cualquier manera, el traqueteo de los cuadros de las bicicletas.

No es casualidad que el éxito de la Eroica se corresponda también con el retorno del acero moderno en las bicicletas actuales. Una corriente cultural y técnica que ha reinterpretado el mercado. Una sucesión de novedades que hacían envejecer a otros materiales en un recorrido evolutivo que se había convertido en algo natural nos abrió los ojos a un enfoque completamente diferente: no hablamos de nuevo o viejo, sino simplemente de lo más adecuado para cada ocasión. La fibra de carbono es ideal para algunas estructuras; el acero para otras. Como el aluminio y el titanio, a cada uno lo suyo, y lo que antes era una escala de valores se ha convertido en un plano de dignidad igualitaria. Al fin y al cabo, si se expande el mercado de la bicicleta es también porque se recuperan estas cualidades y el gusto artesanal que estimula interpretaciones diferentes en todo el mundo, a la caza de ideas.

Esto también se aplica a los maillots cada vez más ajustados y aerodinámicos, que han vuelto a ser, en algunos casos, más sueltos y versátiles, no solo para la bicicleta, sino para cualquier estilo impregnado de modernidad. Los maillots de lana modernos son prácticos y no presentan las incomodidades de los maillots históricos. No se dan de sí cuando llueve y no pesan como piedras con el sudor. También hay nuevas tecnologías e interpretaciones al hacer las inscripciones. Algunos pican, y mucho, y no hay escapatoria.

Es más, se pedalea despacio, porque llegar demasiado pronto a la Eroica significa perderse un trozo del viaje y parte de la diversión. Antes de irse, hay que darse la vuelta un momento, para tomar esa última fotografía que irá a parar al álbum de los recuerdos, de nuevo en blanco y negro.

Guido P. Rubino
Es el creador de la publicación Cyclinside. Ha publicado varios libros sobre la historia y la técnica de la bicicleta, como el volumen A second skin, dedicado a la historia de la fábrica de maillots Santini. Ha trabajado en la redacción de diferentes revistas del sector. Trabaja como fotógrafo y asesor para eventos y empresas relacionados con el ciclismo. En el pasado también montó en bicicleta.
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