Entre 1973 y 1977, el Brooklyn Cycling Team se convirtió en uno de los equipos más fuertes y reconocibles del panorama internacional. Ya en su primer año dio que hablar: De Vlaeminck ganó la Milán–San Remo, tres etapas en el Giro y numerosas carreras de ciclocross, mientras Patrick Sercu se confirmaba como uno de los mejores velocistas del mundo.
En los años siguientes, el equipo consolidó su fama con una serie de triunfos que aún hoy pertenecen a la leyenda. En 1974 llegaron la segunda París–Roubaix de De Vlaeminck, la Tirreno–Adriático y el Giro de Lombardía, mientras en el Tour de Francia Sercu conquistaba tres etapas y el prestigioso maillot verde. En 1975 llegó la supremacía absoluta en el Giro de Italia, con doce victorias de etapa, siete de ellas firmadas por De Vlaeminck, que además ganó la clasificación por puntos por tercera vez.
En 1976, el equipo volvió a brillar: diez victorias parciales en el Giro, el segundo puesto en la clasificación general de Johan De Muynck a solo 19 segundos de Felice Gimondi y el maillot de la montaña de Giancarlo Bellini en el Tour. Mientras tanto, De Vlaeminck añadía a su palmarés otra Tirreno–Adriático, el Giro de Lombardía y numerosas pruebas prestigiosas. En 1977 llegó la consagración definitiva: De Vlaeminck logró el extraordinario doblete Tour de Flandes – París–Roubaix, elevando a cuatro sus victorias en el “Infierno del Norte”.
En apenas cinco años, el Brooklyn coleccionó éxitos memorables y construyó una identidad única, hecha de victorias, estilo y una imagen inconfundible. Cuando en 1977 Perfetti decidió retirarse de la competición, el equipo se disolvió, pero el mito ya había entrado en la historia.