LUNDICI, CUANDO BICI Y MODA PEDALEAN JUNTOS

Donatella Tiraboschi

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Santini

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El club de Bérgamo hace un guiño a la contrarreloj con un toque de moda: «Sobre el sillín nos gusta ir elegantes». Colaboración con Santini para crear uniformes personalizados que marcan tendencia.

La situación (la noche antes del entrenamiento semanal o de la salida del domingo) se puede resumir así: unos treinta mensajes de Whatsapp para decidir «qué se ponen» al día siguiente. Es como cuando invitan a unas chicas a una fiesta y el sábado por la tarde se lo pasan preguntándose: «¿Y tú qué te vas a poner?», «¿Nos ponemos el vestido negro?», «¿Zapatos de tacón o botas?», «¿El pelo liso u ondulado?». Pues bien, para ellos, este intercambio de mensajes se convierte en: «¿Nos ponemos el Miami o el Bora Bora?», «¿Calcetines claros u oscuros?», «¿Qué calzado?». Y los que aparecen con algún detalle fuera de lugar, ya sea porque no han entendido bien el mensaje o porque el uniforme elegido está todavía lavándose, no se escapan de la «multa»: en el primer bar del recorrido (elegido, este sí, en el último momento) el compañero que desentona tiene que invitar a café a los demás.

Podría parecer exagerado, pero para quienes se preocupan por la moda sobre el sillín, y van impecables desde el calzado hasta el peinado (o casco), no lo es en absoluto. En un mundo aficionado al ciclismo cada vez más orientado a la exaltación del rendimiento, ellos han elegido diferenciarse de otra manera. Digamos más «a la moda» porque, como la contrarreloj, el ojo también quiere su parte. Cuestión de estilo, obviamente. Y ellos tienen para dar y regalar, sin menospreciar carreras y clasificaciones, porque en el grupo de nueve ciclistas aficionados de Bérgamo que componen el club ciclista «Lundici» (literalmente «elonce», así todo junto) no basta con ser buen ciclista, sino también, o quizás, sobre todo, ir a la moda.

Al fin y al cabo, el nombre, o más bien el lema de la asociación, tomado directamente de su grito de guerra «¡mete el once!» (el número del piñón que asegura un desarrollo métrico de la relación notable) dice mucho del espíritu de la asociación, fundada en 2015. Esta coletilla ha acompañado la evolución deportiva y el crecimiento de un grupo de aficionados que formaban parte del Grupo Deportivo Sarco (patrocinado por el propietario del concesionario, Giorgio Arrigoni, que puede presumir de una amistad de más de diez años con la familia Santini) y todos los miembros se sienten «reconocidos» en ella.

Se trata de un pequeño grupo de ciclistas que reside en el área metropolitana de Bérgamo (con epicentro en Curno), con edades a partir de los 30 años, salvo dos miembros más que aceptados que rompen la media, y todos con profesiones diversas, desde empleados hasta empresarios: «Será por la edad, por las experiencias que hemos vivido juntos, por las esposas que se conocen y por los hijos que han nacido casi a la vez, pero todo surgió de forma natural», dice Andrea Algeri, uno de los 9 magníficos del club ciclista que, sin desdeñar la bicicleta de montaña para los entrenamientos de invierno, prefieren moverse con la de carretera.

Su consigna es: bici en orden y belleza en el sillín. «Nos gusta cuidar todos los detalles –explica Algeri–, ir arreglados y elegantes. En una palabra: atractivos. «Intentamos serlo. Total, ya se encargan otros de ser fuertes», prosigue. Esto es cierto solo en parte ya que no faltan los podios, actuales y pasados, en el historial de los Lundici. «No hemos abandonado el espíritu de competición, pero sí la idea de ser los primeros de la clase. En nuestro grupo hay 4 o 5 que corren todos los fines de semana. Por ejemplo, Simone Capelli es un monstruo en las subidas y ha obtenido óptimas clasificaciones a nivel nacional».

Con una nota de color añadida: un «once» que sube al podio se distingue del resto del mundo. «No tenemos colores sociales y, aparte de la ayuda que nos sigue brindando nuestro patrocinador Sarco, tenemos libertad para elegir los colores que queramos para el uniforme: morado, amarillo, verde, degradado». ¿Morado degradadooo? «Sí, lo mezclamos todo alegremente y nos resulta sencillo porque solo tenemos un patrocinador, lo que nos facilita el diseño. No como sucede en otros casos, cuando hay que añadir los nombres de miles de patrocinadores. Vamos de colores y coordinados».

La colección otoño-invierno 2021-2022 de Lundici ha llevado, por ejemplo, a las pasarelas de las dos ruedas, un uniforme azul eléctrico, con letras plateadas y pantalones negros. «Se ensucian menos», añade Andrea, con un pragmatismo doméstico que coincide con la fantasía con la que se han bautizado los maillots: «Tenemos el maillot Miami con fondo rosa; el Bora Bora, de color azul celeste mar; el Las Vegas, una especie de patchwork que hicimos este verano, y el Golden, el maillot de oro, la última incorporación».

Todos los nombres suenan muy tropicales: «Son lugares a donde nos gustaría ir con la bici», desvela. Tampoco faltan los complementos, que suscitan un gran interés. «¿Dónde se pueden comprar vuestros uniformes?» es una pregunta que les hacen mucho. La respuesta no es fácil, porque Lundici es único. «Siempre pedimos a Santini prendas vanguardistas, las que se usan en el ámbito profesional. Elegimos las de mejor calidad y luego personalizamos el uniforme como más nos gusta, con los estupendos consejos del departamento de estilo de la empresa.

Intentamos adelantarnos a la moda del momento. Podría decirse que hacemos un ciclismo de vanguardia», continúa Algeri, hablando directamente desde las carreteras de Liguria, donde, en pleno febrero, se entrega a los primeros entrenamientos con sus compañeros de fatigas. Como los de verdad. No falta una «envidia sana» sobre los pedales. «Tenemos competencia. Hay un equipo que, imitándonos, se ha puesto el nombre «Tredici» (trece). No me malinterpretes, todos son amigos, nos hace gracia, pero también intentan emular nuestro estilo». Que no es exactamente para todos, reconoce Algeri: «Determinados colores producen un efecto diferente vistos sobre un corredor de treinta o de cincuenta años, pero el espíritu no nos falta. El maillot más bonito en mi opinión, el Bora Bora, con los degradados blancos, azules y rosas es un leitmotiv cromático que muchos equipos han adoptado después de nosotros».

En definitiva, los nueve de Lundici son auténticos creadores de tendencias. Incluso con sus mujeres. El mismo Algeri admite que «son sedentarias, pero siempre que pueden nos piden un maillot o una camiseta a juego con nuestro uniforme. ¿Cómo vamos a negárselo?».

Donatella Tiraboschi
Creció desde pequeña con el mito de los grandes del ciclismo, alimentado por los ánimos de su padre: «venga, ¡pedalea y serás como Gimondi!». Después de haber probado todos los deportes, desde el fútbol (de portera) al esquí o la petanca, decidió sabiamente dedicarse al periodismo deportivo, cubriendo con su cuaderno y su bolígrafo todos los campos de la provincia: desde la serie Zeta a la serie A. Entre sus mitos del ciclismo se encuentran Marco Pinotti y el «príncipe» Gianni Savio. Cuando era joven, le habría gustado casarse con Gilberto Simoni. Pero en un Tour de Francia conoció a uno de los grandes amores de su vida, de quien guarda un bellísimo recuerdo y una bicicleta de regalo. Colabora con el Corriere della Sera.
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