LIZZIE DEIGNAN y el desafío para combinar su vida personal y su carrera profesional

Marcus Leach

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Santini

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Marco Aurelio escribió «vivimos por un instante» y la fugacidad de este instante es capaz de alterar completamente la carrera de los deportistas profesionales. Teniendo en cuenta el poco tiempo que se concede a quienes poseen esa rara combinación de talento natural y entrega necesaria para alcanzar el máximo nivel de un deporte, se necesita una cantidad igualmente extraordinaria de valor para tomar la decisión de retirarse voluntariamente en lo más alto de tu carrera, sin garantía de poder reanudarla con los mismos resultados, especialmente cuando la decisión nace del deseo de formar una familia.

En esta situación se encontró Lizzie Deignan en 2018, año en el que también se convirtió en embajadora de Santini: se enfrentó a la difícil elección entre su carrera y su deseo de ser madre, en un momento en el que su equipo solo parecía interesado en los resultados de las deportistas, hasta el punto de que la maternidad ni siquiera se mencionaba en el contrato. Ahora, por suerte la situación ha cambiado gracias al liderazgo de Deignan. Sin embargo, como recuerda la campeona mundial, no fue una decisión fácil.

«Hasta entonces, todas las decisiones personales habían estado centradas en mi carrera: desde que me hice ciclista profesional, cada elección se basaba en la competición en la que me iba a centrar en ganar y en cómo ganarla –me cuenta Lizzie–. Estaba sacrificando mi vida privada y mis relaciones, y sabía que no podía seguir así».

Entonces, ¿qué pasó en la vida de una campeona del mundo?

«Decidí volver a dar prioridad a lo que me haría feliz. En mi caso, sabía que quería tener un hijo. Fue la primera decisión dictada por las emociones que tomé en muchísimo tiempo, pero pienso que, en el matrimonio, la elección de tener descendencia es la evolución natural de la vida fuera del ciclismo».

La existencia de la «vida más allá del ciclismo» es fundamental, porque es fácil que los deportistas profesionales habiten en una burbuja, se olviden del mundo que les rodea y no diferencien su identidad de su profesión. Esta es la razón por la que muchos deportistas pasan por un periodo de crisis cuando se retiran de la competición; leí un estudio en el que se afirmaba que «la transición suele ser muy difícil debido al repentino cese de la demanda de prestaciones deportivas de tan alto nivel, que se ve agravado por la pérdida repentina de la intensa devoción del deportista por la competición profesional y sus recompensas».

Lizzie aún no considera finalizar definitivamente su increíble carrera, pero ha reconocido que tomarse un tiempo alejada de su carrera le ha permitido reflexionar sobre toda su situación, desarrollar una identidad independiente del ciclismo, y asegurarse así pasiones y planes para cuando se retire de las carreras.

Desde que soy madre estoy mucho más relajada en lo que respecta al ciclismo y me ha dado una perspectiva diferente que me ha recordado que debo disfrutar de cada momento, porque se acabará antes de que me dé cuenta", admite la británica, «después de tener a Orla me di cuenta de lo rápido que pasa el tiempo, así que ahora me centro en vivir el momento al máximo y no preocuparme de si mis piernas no están en su mejor momento durante el entrenamiento ni frustrarme si las cosas no salen exactamente como las había planeado». No estoy diciendo que haya perdido mi motivación, sino que sobrellevo mejor las malas experiencias o sé apartarlas para centrarme al máximo en mi marido Phil y en mi hija Orla cuando vuelvo a casa».

Como si alcanzar el máximo nivel de un deporte no fuera ya suficientemente duro, volver a él tras un año de maternidad requiere un nivel de dedicación y concentración nunca visto. Sin embargo, como explica Deignan, el reto de volver al mismo nivel es totalmente diferente a lo que podría creerse.

«La gente supone que el reto de volver después de ser madre es puramente físico, pero también hay que tener en cuenta que debes cuidar de tus hijos, además de atender tu carrera –subraya–, y creo que antes de tener a mi hija era un poco ingenua. Me preocupaba no poder alcanzar el mismo nivel que tenía antes, cuando en realidad tenía que enfrentarme a una realidad completamente nueva».

Y mucho. «Nunca habría conseguido nada de esto sin el apoyo de Phil; sin duda, ha ayudado que él mismo haya sido ciclista profesional y, por lo tanto, entiende que a veces necesito media horita más de descanso antes de volver a ser madre», cuenta Lizzie con una sonrisa, «y esto es aplicable a todas las relaciones con el trabajo, a veces tienes que apoyarte en los demás un poco más de lo normal, y eso también significa formar parte de un equipo».

Este enfoque ha permitido a Deignan su vuelta triunfal al equipo femenino. La británica pasó de ser una «simple» deportista profesional a firmar una colaboración con Santini para crear una línea de prendas totalmente dedicadas a las mujeres de cualquier nivel de rendimiento, desde principiantes a granfondistas. Pero esto no es todo, porque en su vuelta en 2021, con los colores del equipo Trek Segafredo, ganó la primera edición de la París-Roubaix, completando así por primera vez la triple corona de las carreras del monumento femenino.

Sin embargo, como en todas las historias de increíbles victorias, no puede dormirse en los laureles, especialmente porque este año vuelve, después de una pausa de treinta años, el Tour de France Femmes. Además de ser una nueva ocasión para que su nombre conste en los libros de historia del ciclismo, el regreso de esta emblemática carrera es una oportunidad para que Lizzie Deignan demuestre que puede compaginar las exigencias del deporte profesional con las de ser madre, aún mayores. Porque en el momento en que eres madre, no corres solo por ti misma, sino que sabes que debes ser un ejemplo para tu hija y para los miles de niñas que te están mirando.

«A veces me pregunto si no estaré exigiendo demasiado a los demás para alcanzar mis objetivos –concluye nuestra protagonista– y en esos momentos pienso en lo que me gustaría que hiciese Orla y trato de mostrarme más segura y valiente para la niña que estoy intentando criar.» Si Lizzie pudiera elegir qué herencia dejar a su hija sería seguramente el hecho de que se puede tener una familia feliz y ser deportista profesional».

Marcus Leach
Marcus Leach es escritor freelance y siente pasión por la aventura y el deporte: intenta siempre superar los límites de lo que se puede hacer en la vida. Vive en Gales con su mujer y sus hijos, pero recorre con su bici los rincones más remotos del mundo para compartir historias con su público. Desde la selva de Laos a las cumbres de los Andes peruanos, desde los bosques tropicales de Taiwán a la cordillera del Atlas de Marruecos, por el desierto ventoso de Omán o en las escarpadas costas de Córcega: su amor por la bicicleta no conoce fronteras.
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