JAMES GOLDING, MÁS ALLÁ DE LA RESISTENCIA

Steve Medcroft

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Santini

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El ultraciclista James Golding había planificado hasta el más mínimo detalle con el fin de conquistar la victoria individual en la Race Across America 2020 que habría tenido lugar el junio pasado, pero el coronavirus, como bien sabemos, ha interrumpido por el momento sus ambiciones. James, que ha sobrevivido al cáncer en dos ocasiones y posee un récord Guinness por haber pedaleado sin descanso durante siete días para cubrir una distancia de 1766,2 millas, consideró el descanso forzoso como la enésima prueba que tenía que superar.

Santini: : ¿Ibas en bicicleta de montaña cuando eras pequeño?

James Golding:Al comienzo de los años noventa, justo cuando se produjo el auge de las bicicletas fuera de ruta, fui un día a una tienda nueva de bicicletas de mi ciudad, una de las primeras que vendía MTB. Desde ese momento quedé fascinado. Mi primera bici fue una Kona Fire Mountain. Hice de todo para reunir el dinero necesario para comprármela; acepté todo tipo de trabajos que pudieran ayudarme en mi empeño, desde lavar coches hasta segar el césped de los vecinos: cualquier cosa para poder permitirme esta bici con solo once años. Al principio prefería el campo a través, pero después me pasé al descenso y competí incluso a nivel nacional. Tras cumplir los dieciocho, me rompí un hombro y mi carrera se resintió mucho; no conseguía pedalear como antes y buscar un trabajo parecía mi única solución. La idea de tener que encontrar un trabajo me daba un poco de miedo, pero no tenía opción. Comencé a trabajar en el sector inmobiliario y, de repente, dejé de tener tiempo de entrenarme como quería. Un poco desmoralizado, vendí todas mis bicis y desde entonces el ciclismo dejó de formar parte de mi vida.

El cáncer se manifiesta de forma brutal

SMS:Ocho años después de haber renunciado al ciclismo, recibiste una noticia devastadora: te diagnosticaron un cáncer, ¿verdad? Te operaron de emergencia y pasaste por un tratamiento tan agresivo que debiste permanecer en coma durante varias semanas. ¿De qué manera la recuperación te llevó de vuelta al sillín?

JG:Tenía veintiocho años. Pasé de mi peso de 88 kg a nada más que 38. No había ninguna certeza de que pudiese recuperarme. Solo miraba hacia delante, pensando solo en mejorar. Lo único que deseaba era volver a caminar, aunque solo fuese para ir de la cama del hospital al baño o al mostrador de las enfermeras. Quería salir de allí por mis propios medios y subir al coche que me llevase a casa. Poco a poco mejoré y me fui a vivir con mi madre y con mi abuela; no salí de casa durante meses. Hubo veces en las que quise tirar la toalla y dejar de luchar. Tardé dos meses en ver signos de mejoría. Un día cogí una bicicleta que teníamos en casa y quise intentar llegar hasta un embalse que no quedaba muy lejos. Sin apenas pelo en la cabeza, pedaleé por una carretera de cinco millas alrededor del pantano; hacía años que no sentía aquella libertad. De repente sentí que estaba vivo. Era feliz. Resurgieron en mi mente todas aquellas cosas y sensaciones de cuando iba en bici. En las semanas siguientes decidí volver a intentarlo y en dos ocasiones volví a vivir aquellas hermosas sensaciones. Fue en ese momento cuando me di cuenta de que, con la distancia que ya conseguía alcanzar, podría haber ido a casa de mi madre (a unas diez millas de distancia). Por tanto, decidí continuar superando mis límites poco a poco. Eran tres pasos adelante y dos hacia atrás, pero siempre avanzando.

Un potente motor

SMS: ¿Cuándo descubriste que estabas capacitado para las disciplinas de resistencia?

JG: Gracias a mi historia, decidí poner manos a la obra haciendo algo que pudiese ser de ayuda a personas como yo. Decidí atravesar Estados Unidos para realizar una recaudación de fondos. En aquella ocasión me di cuenta de que estaba más a gusto en las jornadas en las que hacía muchos kilómetros, y como más kilómetros significaba más fondos recaudados, esto se convirtió en un círculo vicioso. Me encontré cubriendo grandes distancias al lado de deportistas profesionales, los cuales me dijeron que tenía un gran potencial al verme pedalear.

SMS:¿En aquel momento decidiste participar en el Seven Day Guinness World Record?

JG: Sí. Lo intenté por primera vez en 2014. Elegí ir pedaleando de Saint-Malo a Niza y regreso, pero por desgracia no tuve éxito en mi empresa. Comprendí que había pretendido demasiado, de modo que empecé a planificar un segundo intento con mucha antelación para 2017. Mucha gente decidió apoyarme o ayudarme y me vi con todo un equipo cinematográfico como séquito. Para simplificar las cosas, decidí que el recorrido para obtener el récord tenía que ser por las carreteras que mejor conocía y en las que acostumbraba pedalear. Así, simplifiqué mucho el reto y conseguí obtener el resultado esperado.

SMS:¿Obtener aquel récord –1766 millas (252 millas al día durante siete días con descanso obligatorio de cinco horas al día)– fue lo que te empujó a querer competir en la Race Across America?

JG:Cuando terminé mi primer desafío recaudando fondos, lo que tuvo lugar en el segundo intento a causa del accidente que sufrí en el primero y que me impidió continuar, estaba muy contento y orgulloso del resultado obtenido. Me enteré de la existencia de una competición en la que un grupo de deportistas se enfrentaba al mismo reto, pero en la mitad de tiempo (N. de la R.: la Race Across America). Por tanto, decidí analizar con más detalle esta cita y averiguar si podía estar a la altura, lo que se convirtió en una obsesión. Quería participar algún día, pero sin veleidades de victoria. Solo quería intentarlo y llegar a la meta. No creía que estuviese a mi alcance, pero cuando obtuve el récord Guinness del mundo, pensé que podía conseguirlo. También hubo gente que, al ver mis datos, me dijo que incluso podría vencer la RAAM. Podía pedalear quince o dieciséis horas al día a 28 km/h constantes, manteniendo una frecuencia cardiaca media de 104 pulsaciones por minuto. Con un poco de financiación y entrenamiento específico podía contender por la victoria final de la RAAM. Costó un poco que me convenciesen, pero al final pensé que por qué no.

La RAAM es una prueba para gente obstinada

SMS: Decidir competir en la RAAM es una cosa, pero ¿cómo te estás entrenando para la carrera de resistencia más dura del mundo?

JG:La Race Across America se basa en los datos. En esencia, debes ser capaz de recorrer unas tres mil millas en nueve días. No hay otra. Durante la semana de mi récord mundial registramos una media de 400 km al día, pedaleando catorce horas al día y durmiendo cuatro; esto significa que se desperdician seis horas al día. Seguramente podíamos ser más eficientes. Bajando la velocidad media a 28 km/h y reduciendo los tiempos muertos a dos o tres horas al día como máximo podíamos ganar unos 96 kilómetros al día, lo que supondría cubrir una distancia de 490 km aproximadamente. La otra diferencia entre la RAAM y mi récord mundial es que hay normas muy diferentes. Para el récord mundial no tienes asistencia y no puedes cambiar de bici. Además, es obligatorio utilizar una bici de carretera homologada por la UCI, sin ningún equipamiento aerodinámico. La RAAM es completamente distinta: lo único que hay que hacer es pedalear, y aunque me tomen el pelo cuando lo digo, es la pura verdad. Solo tengo que preocuparme por recorrer 540-550 kilómetros al día, el resto lo gestiona el personal. Si se me olvida beber, alguien se acerca para recordármelo, y si se me olvida comer, otra persona hace lo propio. Si tengo que pararme, hay alguien que me dirá cómo, cuándo y durante cuánto tiempo podré detenerme. Tengo un equipo que me ayuda, un entrenador, un masajista, un nutricionista y también un médico. En total hay unas dieciséis personas que trabajan en el proyecto. Lo único que tengo que hacer es poner la bicicleta en la dirección correcta y pedalear.

SMS: ¿Participaste en la Race Across the West el año pasado? ¿Fue una buena prueba para la RAAM?

JG: En la Race Across the West conseguí cubrir 530 km en 18 horas. Tenía una media de 28 km/h con una frecuencia cardiaca de 107 latidos por minuto. Mi equipo y yo utilizamos estos datos para comprender lo que teníamos que cambiar para ser competitivos. Fue una buena prueba.

La mejor manera de prepararse para la RAAM es....

SMS: ¿En qué consiste un plan de entrenamiento para la RAAM? ¿En qué se basa?

JG: Hace un tiempo me dijeron que la Race Across America es una competición de 5000 km, pero yo la veo más bien como un reto de 1000 km. Me explico: los primeros 4000 sirven solo para ver cómo te encuentras en la bici y con tu estado físico. Cuando faltan 1000 km para la meta, es preciso enfrentarse a los Apalaches. Si te encuentras con algún competidor en la carretera, puedes darlo todo para intentar alcanzarlo y marcar la diferencia. Si, en cambio, alguien te alcanza desde atrás, puedes reunir la fuerza para dar un empujón más. Aquí es donde empieza el juego. Sé que puedo pedalear sin descanso durante largos tramos y que puedo llegar a los 260 vatios. Sin embargo, quería mejorar un poco y ser capaz de llegar a los 280, 290 o 300 vatios. Por tanto, mi entrenamiento se planificó en intervalos de unas cuatro horas, manteniendo mi potencia normalizada en torno a los 200 W y solo incrementando la potencia el máximo posible en las subidas.

SMS: ¿Fue una desilusión enterarse de que la RAAM no tendría lugar este año?

JG: Experimenté diferentes emociones, pero cuando prohibieron los vuelos desde Europa no teníamos opción. Llamé a todo el personal y a todos los patrocinadores. Hablé con todo el mundo e hice hincapié en que no era mi decisión, sino que era cosa de todos. Todos estábamos de acuerdo en que lo mejor era hacer una pausa en aquel momento.

¿Cómo te vistes para enfrentarte a una competición como la Race Across America? ...

SMS: Hay muchas cosas que tienen que ir bien para tener éxito en la RAAM. ¿Cuánto puede influir el equipamiento ciclista en la empresa?

JG:Tengo algunos problemas más bien serios de trastorno obsesivo-compulsivo en torno a este tema. Cuando salí del hospital la primera vez, la ropa que compré era de Santini. Me encantaba. Por tanto, cuando decidí cambiar el equipamiento para 2020, Santini fue mi primera y única opción. Quería trabajar con Santini por su tradición y su historia, pero también quería una marca a la que pudiese hacer llegar mis comentarios. Para la RAAM utilizaré principalmente culotes y maillots, más que nada porque es lo más práctico. Si es necesario cambiar el maillot porque hace demasiado calor o quiero ponerme la manga larga, es muy fácil hacerlo y solo tengo que cambiar un elemento del vestuario sin detenerme. Solo en Kansas podré utilizar un body aerodinámico. En cualquier caso, tendré todo lo necesario para enfrentarme a este reto: manga larga, manga corta, chaquetas, culotes largos, manguitos, etc. Todo se ordenará con un etiquetado meticuloso, porque deberá poder utilizarse en caso de necesidad sin perder un tiempo precioso.

SMS: ¿Sin la RAAM ha sido un desperdicio el año 2020?

JG: No. La situación mejorará pronto. En septiembre hay una competición en la que quiero participar si las cosas van bien. Me gustaría también ir a Dubái en noviembre para volver a someterme a la prueba del récord de los siete días sin parar. Aparte de esto, también estoy pensando en enfrentarme a las 24 h de Sebring en febrero y a la Race Across Italy en mayo, todo para estar listo para la Race Across America en junio de 2021.

Steve Medcroft
Steve Medcroft gestiona Santini USA. Periodista y copywriter freelance en el sector del ciclismo, fue previamente editor norteamericano para la empresa que producía Cyclingnews.com, BikeRadar.com y Procycling Magazine. El padre y abuelo Steve, vive en Arizona con su mujer Keli, donde practica el ciclismo de carretera y la mountain bike.
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