¿EL TROFEO? ¡LO LLEVAS PUESTO!

Eddy Zanenga

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Santini

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Es la carrera por etapas más importante del mundo y el premio que cada ganador se lleva casa es el más emblemático de nuestro deporte: el maillot amarillo. Esta es la historia de un día en la sede de nuestra empresa acariciando, con absoluta veneración, ese maillot que represente el objetivo de todos los ciclistas que participan en el Tour de Francia. Pero solo uno lo llevará en París.

«De Santini me había hablado el mismísimo Ernesto Colnago: era finales de los años 60 cuando tenía que rehacer los maillots del Audax Treviglio, porque se había incorporado el patrocinador Colnago. Me dio la dirección diciéndome que era un tipo inteligente: de Ernesto me fiaba, ¡y tenía razón! La actividad de Santini se desarrollaba en un garaje donde el sonido de los carros pasando por encima de las máquinas de tejer llenaba aún más los espacios ya de por sí repletos de cajas de ovillos y tejidos. ¿Cómo quedaron? Bueno... juzga tú mismo».

Así, enseñándome el maillot del Audax de lana ya revestido de fieltro, me habló mi padre del Cavaliere cuando le expliqué que iba a ir a la fábrica de maillots Santini para contar en Cyclist la producción del nuevo maillot amarillo. Su historia llenó de poesía de perfume a lana la expectativa de la visita a algo que, de por sí, ya es una marca fascinante.

Pertenezco al mundo del ciclismo desde que estaba en la tripa de mi madre. Incluso ahora, cada vez que voy a una feria o a un evento, me siento como un niño en el País de los Juguetes. Sin embargo, ir a Santini es diferente. Se respira un aire familiar, aunque el escenario sobre el que se proyecta la actividad es planetario. El sentimiento de arraigo a su pasado es inherente al alma del establecimiento de una forma sincera. Al entrar en Santini, encontramos los maillots rosas firmados por grandes campeones, maillots que han llevado los ganadores de la París Roubaix, el maillot de Hinault y de Lemond, los maillots de los campeones del mundo de los tres últimos decenios: grandes obras maestras que cualquier empresa celebraría con razón.

Pero entre ellos, en un nivel de similar importancia, se encuentran expuestos objetos que podrían ser desconocidos para la mayoría: por ejemplo, junto al maillot del equipo Del Tongo, de Giuseppe Saronni, se encuentra expuesto el de la Unione Ciclistica Sforzatica, el equipo local al que Santini ayudó en tiempos difíciles. Están expuestas las bicis de Hinault, Pantani y Gimondi, pero en medio hay una bici del «Rossi e Santini», un equipo de chavales junior de los años 80 y 90 que iba cosechando victorias por toda Lombardía y más allá. Cosas, estas últimas, que no han marcado especialmente la historia del ciclismo, pero que han dejado su huella en el generoso corazón de Pietro Santini. En definitiva, parece que la historia de Santini no es solo un camino recorrido en la excelencia, sino una emoción que traza la dirección hacia el futuro.

Y me gusta pensar que este es el «secreto» de la marca. El secreto que hay detrás del maillot de la Grande Boucle.

Llego puntual a Lallio, y Paola Santini, con su padre Pietro, me dan la bienvenida y me ofrecen un café. Los recuerdos del señor Santini narran una vida de pasión y trabajo: «Cuando tenía 15 años empecé a trabajar con mis hermanas, que ya hacían prendas de punto. Mi padre no estaba muy convencido, decía que era un trabajo de mujeres, pero a mí me gustaba y era mejor que estar en un taller. Así que me tiré a la piscina: "no me hagas quedar mal", me decía. Bueno, creo que al final me salió bien», dice sonriendo.

Las anécdotas se suceden una tras otra, pero hay una que llama especialmente la atención: la sustitución de la asociación con el Giro de Italia por otra de más amplio alcance con la Vuelta a España en 2017. La carrera española, como todos saben, es propiedad de Unipublic que, a su vez, pertenece a ASO, la sociedad organizadora del Tour de Francia, y haber confeccionado el maillot rojo de la Vuelta representó un trampolín de lanzamiento para llegar al acuerdo con la Grande Boucle: «Conquistamos su confianza demostrando nuestras competencias», subraya Paola Santini.

Y ese fue el impulso. Esta es la emoción sobre la que verter toda la pasión de la que está impregnada la marca. Os estaréis preguntando: «Bueno, pero un maillot amarillo... es un maillot amarillo, ¿qué tiene de particular?» El secreto de una obra maestra suele ser ese: crear originalidad donde parece que no puede haberla, hasta convertirla en una rara belleza.

Me llevan uno de los maillots del Tour de Francia 2022. Paola comienza a describir la obra maestra desarrollada por Fergus Niland, el irlandés afincado en Bérgamo que representa desde hace más de diez años el trabajo creativo y técnico de las colecciones Santini: sus ojos brillan de orgullo al enseñarme todos los detalles que hacen de su «amarillo» el trofeo que el Tour entrega a quien lo puede llevar: las cremalleras son del mismo color, la etiqueta interna ha realzado la historia del maillot amarillo con mucho espacio para la firma, hasta llegar a la silicona del interior de los dobladillos de las mangas: tienen la forma del Arco del Triunfo, se entreven cuando se lleva puesto, ¡pero los llevas sobre la piel!

Es un maillot que te habla, un trofeo único que no solo rezumará el cansancio del deportista, sino también la pasión y la cultura del ciclismo que se respira entre estos muros.

Me despido de Paola y del cavalier Pietro con una convicción: ahora sí, quizá más que nunca, el trofeo es el maillot. El de Santini.

Eddy Zanenga
Periodista de la revista Cyclist, crece con el mito de Eddy (el auténtico) y combina desde muy joven las ganas de escribir con el ciclismo de competición. Apasionado por el deporte en general, ha sido jefe de prensa del Treviglio Basket y redactor en algunos periódicos locales y regionales. Lleva una segunda vida en el Futsal (fútbol 5), donde sigue siendo entrenador de porteros en la serie A2 de Merate. Es director de un centro de formación profesional de los Salesianos en Treviglio, su ciudad, y vive con su mujer, Silvia, y sus dos hijos, Michele y Enea. En definitiva, es una persona ecléctica... pero al final siempre vuelve a la bicicleta, con el bolígrafo en la mano.
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